domingo, 30 de diciembre de 2007

Hasta ahora

Suelen definir a las personas por optimistas o pesimistas, por su lenguaje corporal á veces, otras menos por el cuadro que colgarían en la pared de su pieza... ¿cómo te definirías tú?¿Quizás por las personas que te rodean? ¿por tus amigos? ¿por tus hobbies? ¿por las cosas que haces o dejas de hacer? ¿por tu familia? ¿por tus proyectos de vida? ¿gustos musicales? Yo lo encuentro difícil, sin embargo, admiro a esas personas que se sienten cómodas por las opciones que han tomado en su vida...
Dejando de lado lo cursi, también dicen que los perros se parecen a los amos. Por lo tanto, podríamos decir que para aquellos que no pueden definirse, el conocer a sus mascotas puede arrojar un perfil en bruto de cómo son. De este modo, coincidiría con mi perrita en ser: arisca, á veces tímida, sabría identificar aquellas personas que me hacen entrar en confianza rápidamente, necesito mi espacio, cuido mis pertenencias, celosa, porfiada, miedosa... se acentúan mis defectos en ella... jejejeje. Por otro lado, ¿qué pasa con los perros callejeros?
En realidad, nada de esto tiene sentido, porque a lo que quería llegar es a una historia de un perro callejero en invierno.

Érase alrededor de las 8 de la mañana del invierno del año 2002. Estaba en un paradero de micro esperando aquella que me acercara al colegio. Llovía mucho y el frío apestaba, más de lo habitual. En el paradero, aquellos que salieron de sus casas sin paraguas esperaban una tregua de la lluvia bajo el techo que los tapaba. Aquellos más prevenidos, igualmente se parapentaban en el albergue improvisado. Un perro, mojado, también se escondía de la lluvia bajo el techo del paradero. Sin embargo, más gente llegaba y se protegía del agreste clima. Así, como se venía venir, se llenó el paradero. El perro, miraba hacia arriba y hacía espacio para que más gente pudiera protegerse. Sin embargo, ante la inminente sobrepoblación, decidió dar su espacio a una persona y se puso bajo la lluvia, como sintiéndose sin el derecho de abrigo, mientras las personas sí. Y así, bajo la lluvia, miraba nostálgico y lastimero al cielo y a las personas.... Me rompió el corazón la actitud del perro.... fue más considerado de lo que mucha gente alguna vez lo fue en su vida. Pudiera habérmelo llevado a la casa, lo hubiera hecho...
Nunca más lo vi.... pero fue el perro más triste que vi en mi vida, aunque también el mejor.

No sé por qué quise empezar el blog con este tópico, pero pasando la época de fin de año, estaré menos nostálgica, lo prometo. También prometí, ante un evento importante, que escribiría más - o mejor - que volvería a escribir. Así que heme aquí.... un anécdota de la vida.

Se vienen algunos cuentos, en su mayoría malos, pero promesas son promesas....

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